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Verde sí, pero no a cualquier precio

Oficialmente somos la generación más concienciada con el medio ambiente. Nos sentimos orgullosos de ser tan verdes. Tan responsables de nuestras acciones. Tan buenos. Pero, ¿realmente lo somos?

Baby Boomers. Millenials. Gen Z. En los últimos 50 años la humanidad se ha visto clasificada en tres grandes grupos cuyas características sociales, políticas y económicas han dibujado múltiples realidades dispares.

A raíz de ello, ahora, los conocidos como jóvenes adultos señalan a sus antecesores como culpables de un reto que, como hijos y nietos, heredamos: la crisis climática. Pero, ¿y si la culpa no fuera solo de ellos?

A estas alturas de la historia no se puede negar que, durante décadas, la pauta vino marcada por el crecimiento económico a toda costa. Poco se sabía en aquel entonces de la huella que aquellas acciones dejaría en la actualidad. 

Sin embargo, ahora, en la era de la hiperinformación, la balanza no parece equilibrarse. ¿Qué está pasando? 

El particular ejemplo que nos brinda la supply chain

En el corazón de esta aparente contradicción se encuentra un fenómeno que se ha vuelto omnipresente en nuestras vidas: el comercio electrónico. 

Amazon, Shein, Aliexpress, Temu. La conveniencia de comprar cualquier cosa desde la comodidad de nuestro hogar ha transformado por completo la forma en que adquirimos bienes y servicios. Pero, ¿a qué precio?

La logística detrás de cada pedido en línea es compleja y tiene un impacto significativo en el medio ambiente. Desde el embalaje hasta el transporte, cada etapa del proceso conlleva emisiones de carbono y otros efectos negativos en el entorno. 

Sin embargo, muchas veces este aspecto es pasado por alto en favor de la inmediatez y la gratificación instantánea que ofrecen las entregas rápidas y gratuitas.

Porque sí, pocos están dispuestos a pagar. De hecho, el 70% de los compradores optan por un precio más bajo en lugar de hacer una pequeña contribución al medio ambiente al elegir opciones de envío ecoamigables.

El efecto dominó del ‘envío gratis’ sobre nuestro planeta

El deseo de recibir nuestros productos en tiempo récord y sin costes adicionales ha llevado a un aumento exponencial en la demanda de servicios de envío, lo que a su vez ha generado una mayor presión sobre las cadenas de suministro y los recursos naturales. 

El transporte de mercancías a larga distancia, en camiones, aviones y barcos, contribuye significativamente a las emisiones de gases de efecto invernadero, alimentando así el problema climático que tanto nos preocupa.

Entonces, ¿realmente estamos siendo ecológicos cuando optamos por comprar todo en línea y exigir envíos gratuitos? No. 

La hipocresía se revela en la desconexión entre nuestras acciones y nuestras creencias. Nos proclamamos defensores del medio ambiente, pero al mismo tiempo contribuimos al sistema que está agotando los recursos del planeta a un ritmo alarmante.

Sin embargo, no está todo perdido, ni mucho menos. 

Un cambio a tiempo marca la diferencia

La logística sostenible es un pilar fundamental para el futuro. De ello ya es consciente una parte importante de la ecuación: los eslabones que componen la cadena de suministro y que, desde hace décadas, investigan e implementan soluciones que den respuesta al desafío. 

Sin embargo, como llevan años reclamando referentes de la industria, como Ramón García, director general del Centro Español de Logística, la pelota también está en el tejado de nosotros como consumidores. 

Al igual que no conocer la ley no te exime de cumplirla, no querer conocer el impacto de nuestra forma de vida no nos hace menos responsables de sus consecuencias. 

Por ello, es hora de reflexionar sobre la verdadera sostenibilidad de nuestros hábitos de consumo. Es posible encontrar un equilibrio entre la conveniencia y la responsabilidad ambiental. Optar por productos locales, reducir la frecuencia de las compras en línea y elegir opciones de envío más sostenibles son solo algunas de las medidas que podemos tomar para alinear nuestras acciones con nuestros valores.

En última instancia, ser verde no debería ser una moda pasajera o una etiqueta que nos pongamos para aparentar. Debe ser un compromiso real y consciente de vivir de manera armoniosa con nuestro entorno, incluso cuando eso signifique renunciar a ciertas comodidades momentáneas. 

La responsabilidad recae en cada uno de nosotros para marcar la diferencia y asegurar un futuro sostenible para las generaciones venideras.

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